Blanes (Girona)
1945 y 1971
Cofundador de Victoria Foods, S.L.
17-11-2023
El estilo de trabajo honesto, comprometido y dinámico se erige en el eje de actuación de esta empresa familiar que comercializa artículos cárnicos en prácticamente todo el planeta. Aunando intereses de proveedores y clientes, la compañía ofrece asesoramiento para optimizar la rentabilidad del producto y garantizar la máxima satisfacción del consumidor final. Padre e hijo coinciden en señalar que, sin el desarrollo tecnológico y la aceleración en la transferencia de datos y el transporte, este proyecto no habría sido factible.
Enric Recio Romaguera: Los estudios son un estímulo para seguir aprendiendo
Mi vida y la de mi hermano Josep, cuatro años menor, se caracterizó por la sencillez y la humildad que se respiraba en nuestro hogar, en Blanes. Me considero un privilegiado, y me siento agradecido a mis padres porque me dieron la oportunidad de estudiar, en una época en la que resultaba muy común iniciar la trayectoria laboral a los catorce años, una vez finalizados los estudios primarios, a diferencia de lo que ocurre en la actualidad, cuando la mayoría de la juventud cuenta, cuando menos, con el Bachillerato. En nuestro entorno inmediato, la mitad de los jóvenes, al culminar esa trayectoria académica inicial se empleaban en Safa, una importante industria textil local que se convirtió en el polo de atracción de nuestro abuelo paterno. Natural de Aldehuela de La Bóveda (Salamanca), emigró con su familia en un primer momento a Francia para recalar más tarde en Blanes, en la empresa del mismo grupo francés al saber de la existencia de esta fábrica. En esta localidad costera residía mi madre, Núria, nacida en Maçanet de la Selva; años más tarde conocería a mi padre, Samuel, con quien contraería matrimonio en 1944. Él, que en un primer momento se dedicaba a impartir clases de francés entre los escolares, ingresó en Manufacturas Cuero Tosas, una compañía en la que fue ascendiendo posiciones hasta alcanzar la gerencia de la misma. Mis progenitores prefirieron que mi hermano y yo aplazáramos nuestra incorporación al mercado laboral y ampliáramos estudios: el mejor estímulo para seguir aprendiendo.
E.R.R.: A los cinco minutos de reflexionar en el coche, decidí que aceptaba aquel reto profesional
Mis estudios hallaron continuidad, una vez completado el Bachillerato, en el Peritaje Industrial Eléctrico; una formación que adquirí en la Escola Industrial de Barcelona. Aun así, una vez alcanzado el tercer curso convine que no me dedicaría a aquella actividad, después de un accidente que sufrí al recibir una descarga por ponerme, insensato de mí, un cable en la boca. Alterné la fase estudiantil con las milicias universitarias estivales, lo cual propició que ascendiera a alférez de complemento y tuviera a mis órdenes a una tropa que, en la mayoría de los casos, me superaba en edad. Sería aquella una experiencia que anticiparía una situación que me correspondería vivir en mi primer cometido profesional, al liderar un proyecto en el que debería contar con el concurso de personal que atesoraba una considerable veteranía. La oportunidad me la brindó la empresa textil Tybor (Tejidos y Bordados), apenas dos meses después de haber finalizado mis estudios de Peritaje y de haber remitido mi currículum a la mayoría de empresas de los alrededores. Me entrevisté con el director de fábrica, quien me dijo que buscaban a alguien con capacidad para acometer la mecanización de la compañía. «Le proporcionaremos formación y, durante seis meses, podrá circular libremente por la empresa para realizar las consultas que estime oportunas a fin de adquirir los conocimientos necesarios para su cometido. Valore si le interesa. Necesito que me dé respuesta en el plazo de una semana», me dijo. Al salir de la empresa, entré en el Seat 850 que me había comprado mi padre y, a los cinco minutos, volví a llamar a la puerta para decirle que aceptaba el empleo. Asumí aquel desafío porque detecté en él un interesante futuro profesional, como el tiempo se encargaría de certificar. La propuesta se alejaba de lo que había estudiado, pero ese directivo supo apreciar que mi perfil podía ajustarse a lo deseado, una posibilidad que asimismo se vería corroborada con el paso de los años.
E.R.R.: Valores de sacrificio, rigor, compromiso y esfuerzo adquiridos de mis padres y transmitidos a mis hijos y nietos
A mí no me asustaba afrontar un reto como aquel, pues ya estaba acostumbrado a desempeñar tareas de cualquier índole. En mi etapa estudiantil en Barcelona invertí las tardes llevando a cabo labores administrativas en una empresa de la calle Ausiàs March; en concreto, trasladando las facturas que emitían por la mañana los comerciales al libro oficial que había que presentar a Hacienda. Aquello me sometía a un ritmo frenético a lo largo de la jornada, pero era algo que tenía interiorizado, pues mis padres me habían transmitido, con su ejemplo, los valores inspirados en el sacrificio y el esfuerzo, lo cual siempre he considerado innegociable. Como también lo son el rigor, el compromiso y la puntualidad, aspectos, todos ellos, que he procurado trasladar a mis hijos y a mis nietos. Esos mismos valores procuré inculcarlos entre el personal con el que conviví durante casi tres décadas en Tybor, donde hallé una gran colaboración por parte de los encargados de los distintos departamentos que visité, quienes me introdujeron en un sector absolutamente desconocido para mí en el que ignoraba qué era un hilo, un cono, un plegador, una doble frontura…
E.R.R.: Muchos universitarios creen que, tras obtener el título, cuentan con un dominio absoluto en la materia
Cuando en 1981 incorporamos el primer ordenador personal nos parecía que experimentábamos el gran salto tecnológico, sin pensar que se avecinaban transformaciones mucho más importantes. Fuimos pioneros en la implementación de grandes innovaciones, como la creación de un almacén ciego que nos permitía localizar cualquier elemento en el momento preciso. En cierto modo, mi carrera discurrió de manera diametralmente distinta a cómo se la plantean muchos universitarios en la actualidad, que depositan toda su confianza en el título para optar a una responsabilidad inmediata en una compañía una vez han finalizado sus estudios, creyendo que disponen de un dominio absoluto en la materia. Y te das cuenta de que, al no haber atesorado experiencia laboral, desembarcan en el entorno empresarial con mucha teoría pero poco conocimiento práctico. Habría que llevar a cabo cambios en los proyectos de formación y seguir el ejemplo de países como Estados Unidos, donde en el último año de Bachillerato los estudiantes tienen la oportunidad de conocer de primera mano si el itinerario universitario que desean seguir se adecúa realmente a sus expectativas. Uno de mis nietos, que aspiraba a cursar Fisioterapia, invirtió un tiempo (medio año) en una clínica especializada para cerciorarse de que aquel era el destino realmente anhelado y, así, evitar iniciar una carrera equivocada y probablemente condenada al fracaso.
Enric Recio Lorente: Formación, una asignatura pendiente
Coincido con mi padre en la preocupación por la falta de adecuación de los estudios a las necesidades reales de las empresas. En nuestro caso, resulta muy complejo reclutar personal especializado para atender las necesidades específicas de la compañía, ya que en el entorno del sector cárnico existen muchas carencias formativas en lo que respecta a labores de matadero y despiece, así como conocimientos básicos sobre genética, desarrollo de los animales y alimentación. En los últimos años han salido nuevos módulos de estudio referentes a la Industria Alimentaria que podrían dar un impulso a esta especialización, son módulos duales en que se compagina las horas lectivas, con las prácticas reales remuneradas en empresas del sector alimentario. Creo que es muy buena iniciativa y un avance en nuestro sector. Mi primogénito Joan, en la actualidad está próximo a finalizar uno de estos ciclos. En este sentido, echamos en falta la figura del aprendiz, en torno a la cual antaño existía un sentido, como era el de valorar el conocimiento adquirido como remuneración, cuando menos parcial. Los tiempos han cambiado y, con el propósito de evitar abusos, se prescindió de esa opción que tan útil resultaba para las empresas pero, también, para los propios jóvenes que deseaban labrarse un futuro profesional en actividades que reclaman especialización. Para perfiles administrativos o comerciales no hemos hallado, en cambio, dificultades para dar con personal competente.
E.R.L.: No desaparecerá la globalización, pero sí asistiremos a una evolución de difícil predicción
La globalización también ha contribuido a alterar el escenario laboral, al erradicar puestos de trabajo y determinadas profesiones. Aunque la deslocalización de la producción conlleva consecuencias negativas para la economía local, estamos abocados a un sistema capitalista y a unos hábitos de consumo que nos empujan a buscar las alternativas más ventajosas, ya sea por precio o por prestaciones. Resulta difícil revertir esta tendencia, pese a que desearíamos poder fabricar en nuestro país y disponer de una producción básica de proximidad que nos permitiera mantener determinados empleos y contar con ciertos servicios. La tendencia que se adivina es la de una convivencia entre el producto artesanal de proximidad con la fabricación de mayor consumo en aquellos enclaves más competitivos. Aun así, esa deslocalización experimentará cambios, dado que China puede ser sustituida en el futuro como gran proveedora por la India u otros países, sin descartar los del África subsahariana. La globalización, pues, no desaparecerá, pero sí asistiremos a una evolución de difícil predicción, ya que la tecnología está transformando nuestra sociedad y nuestros comportamientos. Internet lo ha acelerado todo y ha permitido superar unas distancias que antes parecían infranqueables; pensemos, si no, cómo en la actualidad resulta de lo más común mantener videoconferencias con personas que se hallan en nuestras antípodas.
E.R.L.: Siempre he observado una gran honestidad profesional, cumpliendo con mis deberes e intentando aportar el máximo rendimiento posible
Victoria Foods la creamos en 2005, y no habría sido posible sin internet, sin todo el desarrollo tecnológico al que hemos asistido, y sin la aceleración que han experimentado tanto la transferencia de datos como el transporte. Todo arrancó casi una década atrás, cuando en 1995 una persona de confianza le confesó a mi padre que estaba atravesando serios problemas con la firma cárnica que había fundado. Había incurrido en fuertes inversiones a las que no podía hacer frente y tampoco hallaba en sus hijos el respaldo que cabría esperar a nivel empresarial. Era la empresa donde yo trabajaba; y es que mis primeros pasos profesionales tuvieron lugar en calidad de repartidor de yogures para una división de esa misma compañía. Posteriormente, compatibilicé dicha labor con tareas administrativas, dado que era uno de los pocos que se defendía con los programas de cálculo y tratamiento de textos de la época (los actuales paquetes Office). Con ellos elaboraba listas de precios y realizaba otros cometidos. Al mismo tiempo, mi inquietud me llevó a aprovechar las horas sin actividad para acudir a la sala de despiece e interesarme por cómo se separaban las piezas y por los entresijos del corte. Incluso llegaba antes a la empresa para aprender ese oficio, sin ánimo de acumular horas extra, solo con el propósito de adquirir conocimiento de una actividad en la que deseaba especializarme. Siempre he observado una gran honestidad profesional, no solo cumpliendo con mis deberes sino intentando aportar el máximo rendimiento posible. No hacía falta que me exigieran actitud y compromiso, pues la mejora de mis capacidades formaba parte de mi voluntad. Durante mi etapa estudiantil, que culminó con el COU, aprovechaba los veranos para trabajar, ya fuera en un almacén de patatas, pasando por la hostelería, hasta entrar en el departamento de divisas extranjeras de un banco (Caixa de Girona), con la intención de reforzar el servicio de cambio de divisas. Esta experiencia resultó enriquecedora y contribuyó a mi crecimiento.
E.R.R.: La exportación se convirtió en la clave de nuestra expansión
Me postulé para salvar dicho negocio, una propuesta que mi amigo acogió con sorpresa pues sabía de mi compromiso con Tybor. En ese momento yo albergaba ciertas dudas respecto al futuro de mi compañía, dado que, para el relevo en la dirección general, lejos de apoyarse en la promoción interna, se confió en un profesional externo que no inspiraba confianza entre el equipo. De este modo, al año siguiente abandonaba Tybor y asumía las riendas de esa firma cárnica. Mi hijo me ayudó a entender ese complejo mercado y su contribución fue decisiva para que las pérdidas de 1996 se revirtieran en beneficios al ejercicio siguiente, y que los siguientes años también se saldaran con ganancias, despegando a partir del 2000. Creo que pocas veces ha resultado tan fácil salvar una empresa. La exportación, una faceta ignorada hasta entonces por la firma, se convirtió en la clave de esa expansión, abriéndonos a países como Francia, Italia, Grecia o Alemania. El secreto residía en saber comprar, a partir de conocer muy bien los precios que se manejaban en el lado de la oferta pero, también, en el de la demanda, pues una peseta por kilo de cerdo al final acababa representando un dineral.
E.R.L.: Creación de una filial dedicada a servicios de comercialización ante la creciente concentración del sector
A medida que fuimos profundizando en el conocimiento del sector cárnico nos dimos cuenta de que este, al igual que otros mercados, tendía a concentrarse. La competencia cada vez resultaba más dura y los negocios más modestos iban sucumbiendo ante el avance de las grandes empresas, que iban adquiriendo mayor dimensión a través de fusiones o adquisiciones. Incluso nuestra clientela experimentaba ese mismo comportamiento, pues los hoteles se agrupaban en cadenas y las salas de elaboración de embutidos procedían asimismo a operaciones de concentración. Habíamos logrado evolucionar el negocio, al conseguir multiplicar la oferta y poner a disposición de nuestros clientes hasta seiscientos cerdos al día, sin embargo, aquella cifra resultaba insuficiente para plantas que, a diario, absorbían absorbían hasta millares de unidades de porcino y que preferían cerrar tratos con uno o dos proveedores que tener que negociar con un amplio número de empresas suministradoras. Aquello me llevó a sugerir la creación de una comercializadora, ofreciendo nuestros servicios a empresas que no tuvieran suficiente capacidad para competir o que carecieran de cierto know how. De este modo, aglutinando los volúmenes de todas esas pequeñas compañías y desarrollando las mismas especificaciones que requerían las firmas clientes satisfacíamos los intereses de ambas partes. Se trataba, no obstante, de generar una compañía filial orientada exclusivamente a esta labor, sin sacrificar la actividad que ya venía desarrollando la empresa matriz.
Renunciar a un puesto de trabajo indefinido y bien remunerado para pasar a asumir responsabilidades como empresarios
La evolución de la compañía era satisfactoria, pero en un momento determinado detectamos que las proyecciones que albergaban los propietarios mayoritarios sobre la empresa no iban alineadas con nuestra visión del negocio. Su forma de actuar ponía en riesgo la supervivencia de la compañía y la precipitaba a un abismo, pues en ocasiones el precio de venta se equiparaba al de compra, lo cual evidenciaba un comportamiento errático a nivel empresarial. De este modo, convinimos que la mejor solución residía en abandonar la firma y poner en marcha nuestro propio proyecto, Victoria Foods, con los mismos mimbres que nos habían llevado a impulsarla como filial en esa organización. Resultó un paso no exento de complejidades: renunciábamos a un puesto de trabajo indefinido, con un sueldo respetable a cambio de destinar unas determinadas horas, para pasar a asumir unas responsabilidades como empresarios en las que a menudo acabas paladeando el sabor amargo de la soledad. Dado que el cárnico es un sector en el que se manejan unos márgenes escasos pero que mueve volúmenes ingentes, necesitábamos riñón financiero para poder afrontar las compras, razón por la cual acudimos a un socio capitalista que cubriera este flanco. Propusimos la idea a un empresario monegasco a quien habíamos conocido en nuestra etapa profesional previa. Aceptó con entusiasmo la propuesta, que contemplaba una participación al 50% y en la que él solo intervenía a título financiero. Nuestra relación ha sido exquisita a lo largo de los diecinueve años de colaboración que mantenemos, gracias a que siempre hemos actuado con una profunda honestidad, además de una absoluta confianza que ha depositado en nosotros. Se ha tejido un vínculo tan estrecho con él, que lo consideramos como parte de la familia.
E.R.L.: Prestamos asesoramiento tanto a proveedores como clientes para que obtengan el máximo rendimiento con el producto
Nuestra idea inicial de negocio ha evolucionado, pues nos proponíamos desarrollar especificaciones concretas de carne, a través de la compraventa y del trabajo a comisión. La transformación de la tipología de cliente nos ha llevado a convertirnos en asesores, tanto de proveedores como de clientes. Sin renunciar a esa actividad de comprar y vender carne, prestamos un servicio que comprende un asesoramiento a todos los niveles: genética del animal y su alimentación, control del sacrificio, auditorías y mejoras de la sala de despiece/corte, desarrollo de nuevas especificaciones y transporte hasta el destino final, adaptando y mejorando la forma de trabajo de nuestros proveedores en todas sus etapas (sacrificio, despiece, especificaciones, congelación, etc.). De esta manera, podemos determinar cuáles son los mercados de destino más indicados en cada caso y ofrecer al proveedor la máxima rentabilidad por su producto. Le garantizamos la apertura y expansión del mercado a cambio de exigirle que respete una serie de parámetros, con objeto de que, así, nos asegure que podremos dar plena satisfacción a los compradores/clientes, quienes reclaman un elevado rigor en lo que a calidad, cortes y precios se refiere. A estos clientes últimos también les prestamos asesoramiento en el punto de venta con el fin de que obtengan el máximo rendimiento del producto, aconsejando las especificaciones y formatos para conseguir y optimizar el mejor producto final, muchos de estos clientes finales, han delegado en nosotros no solo el control, desarrollo de especificaciones y logística, también las negociaciones de los contratos (cantidades y precios).
E.R.L.: Desarrollo modelos predictivos para poder reaccionar ante cualquier contingencia futura
Nuestro cometido reside en que el cliente final halle el producto ajustado a sus deseos y necesidades, lo cual reclama un profundo conocimiento de cada mercado y de las especificaciones que reclama. Mientras que el consumidor norteamericano suele apreciar las piezas grandes, en Japón prima la carne cortada en trozos pequeños y sin hueso, aptos para comer con palillos. En el mercado nipón, el de mayor volumen, contamos con una gran implantación, trabajando con las principales cadenas de supermercados, como FamilyMart, Lawson, 7-Eleven, etc. Ahí estamos presentes en treinta y tres mil puntos de venta, una cifra que multiplica por veinte las mil seiscientas de Mercadona… Canadá, Estados Unidos y Latinoamérica son nuestros otros grandes destinos, por encima de Europa. África es un mercado que hemos desestimado, tanto por ser un continente con un alto índice de población musulmana (y que, por tanto, rechaza la carne de cerdo), como por el poder adquisitivo de la mayoría de sus habitantes, que suelen optar por un producto de baja calidad y escaso rendimiento. Estamos expuestos a factores externos, ya que el brote de una enfermedad o la rotura de un acuerdo comercial entre gobiernos, puede cerrarnos las puertas de un país, como ocurre actualmente con la peste porcina africana en diferentes países de Europa y cuya carne tiene vedado el acceso al mercado asiático. Todo ello nos empuja a desarrollar modelos predictivos. Cada año se realiza un ejercicio que proyecta cómo evolucionará el mercado en el próximo quinquenio, planteando distintos escenarios para poder anticiparnos cualquier contingencia futura y, de este modo, salvaguardar la empresa. Así, cuando concurre cualquier problema, nos enfrentamos a una situación conocida porque, en cierto modo, ya se ha experimentado.
E.R.L.: Calidad de la carne y cuidado animal van de la mano
Nuestro equipo está formado por ocho profesionales, y estamos divididos en dos secciones, dos personas del equipo se centran en la producción y comercialización de ternera, actuamos como representantes en España y Portugal de Inalca, que cuenta con el mayor matadero de Europa; fuera de aquí, nuestros principales proveedores de carne de vacuno son Estados Unidos, Argentina, Uruguay y Australia. Ofrecemos a nuestros proveedores la distribución y la logística, donde les buscamos clientes para su expansión. En la división porcina somos tres personas, a diferencia de la carne de vacuno que importamos y distribuimos en España y Portugal, la carne de cerdo la obtenemos principalmente de proveedores europeos y la exportamos al resto del mundo, la carne de cerdo plantea reticencias, especialmente en algunas culturas, por motivos religiosos o por alimentarios, pero su consumo es saludable si se hace con mesura, del cerdo obtenemos embutidos, carnes magras y otras más grasas. Los humanos somos omnívoros y, en general, la proteína nos gusta, aunque existe una tendencia en los países desarrollados a disminuir la ingesta de proteínas, solemos consumir más de lo que requiere nuestro organismo. En España, el consumo de carne de cerdo se sitúa en los once kilos por persona y año (sin contabilizar los embutidos), el doble que el de ternera, que es de cinco kilos. No trabajamos con carne de pollo, que con 13,65 kilos por persona y año se convierte en la principal proteína cárnica consumida en nuestro país. La calidad de la carne está relacionada con el cuidado del animal. Si este recibe un maltrato, está enfermo o estresado, su calidad, sabor y durabilidad se ven muy afectados. En los últimos treinta años ha aumentado la sensibilidad respecto a la atención dispensada a los animales y, actualmente, se vela por su máximo bienestar, tanto en las granjas como durante el transporte, conscientes que, de este modo, el rendimiento de la carne es mayor. El equipo de Victoria Foods, se complementa con personal administrativo y de gestión.
Aquellas empresas realmente necesarias son las que contribuyen a hacer un mundo mejor
El equipo de Victoria Foods se completa con el personal administrativo. Nuestra filosofía nos lleva a cuidar a nuestros trabajadores, procurando que se sientan a gusto trabajando a nuestro lado; en especial, si son competentes, pues no resulta nada fácil dar con profesionales eficientes. En todo caso, tenemos la suerte de contar con personas con ganas de aprender y totalmente involucradas. Por otra parte, hemos imprimido a la compañía cierto espíritu romántico, conscientes de que aquellas empresas realmente necesarias son las que contribuyen a hacer un mundo mejor. Las startups posiblemente actúan con mayor inteligencia, pero, si basáramos la economía en este tipo de compañías, la evolución que experimentaríamos sería artificiosa. En nuestro caso, no hemos recibido ofertas interesándose por nuestro producto, sino por nuestro estilo de trabajo. Y la implantación de un estilo de trabajo en una empresa reclama la presencia de personas que exhiban ese estilo y esos valores.
E.R.L.: Una gran armonía familiar
Existe una gran sintonía con mi padre y ambos gozamos del apoyo de nuestras respectivas cónyuges: mi madre, Dolors, y mi esposa, Mònica, quien sacrificó durante muchos años su carrera profesional para atender adecuadamente a nuestros hijos (Joan, Aina y Nil) y que ahora ha retomado su trabajo como maestra. Sin su respaldo y comprensión no habría sido posible desarrollar este proyecto, cuyo último objetivo reside en proporcionar estabilidad y bienestar a nuestros hijos. Esa es la razón que justifica tantas ausencias por viajes laborales y unos horarios tan difícilmente conciliables con la familia. Mi hijo Joan se perfila como continuador de esta actividad. Mis hermanos (Eduard, Emma y Esther) han derivado sus itinerarios profesionales hacia otros ámbitos, pero mi padre siempre subraya que, atendiendo a los valores inculcados, obramos con el mismo estilo.





