José Iturmendi Morales
*, TH, 3r VOLUM. El estado de derecho después de 1978

José Iturmendi Morales

Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid

Abogo por un Derecho con una vertiente más acentuadamente ética que coactiva

Dada la obligada brevedad de estas palabras introductorias al libro pergeñado por mi buen amigo Ángel Font, El Estado de Derecho después de 1978, me ceñiré a unos cuantos aspectos pertinentes para la obra que me complace prologar. Comenzaré por la relevancia nacional e internacional de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense, donde estos días me cabe el honor de apurar mi último mandato como Decano. ¡¿Qué decir de una Facultad que en 2008 cumple su quinto centenario, como legítima continuadora de la Facultad de Cánones de la Universidad de Alcalá (Complutense), creada por el Cardenal Cisneros?! La época de Cisneros, que es la de la magna gesta hispánica vinculada al descubrimiento de América, ha hecho de la Universidad Complutense, actualmente con sede en Madrid, y de su emblemática Facultad de Derecho, un punto de referencia cultural, tanto de la hispanidad como también europeo y universal. Para reforzar estos aspectos, ofrecemos la Licenciatura de Derecho on-line, que este año comenzará su tercer curso. Además, en nuestra Casa de Estudios ponemos especial interés en la formación continuada, de interés práctico para los letrados, en temas de máxima actualidad, ejerciendo una labor pionera muchas veces a nivel global, como sucede con el Derecho del ciberespacio, del medio ambiente, dela Unión Europea, etc. Nos preocupa sobre todo atender debidamente a los estudios de doctorado, a los que por desgracia en España se da poca importancia, justo al revés que en países punteros enla Economía del Conocimiento, como Alemania y EE UU. Son de destacar nuestros doctorados interuniversitarios e interdepartamentales, como el que ofrecemos conjuntamente conla Universidad Anáhuac de México.

Asimismo, es adecuado reflexionar sobre el Derecho constitucional como disciplina académica, cuyo éxito es de la misma dimensión que el Derecho dela Unión Europea, dado que nos hallamos ante ingredientes constitutivos de todas las disciplinas jurídicas. Ni el Derecho civil, ni el penal, ni cualquier otra disciplina jurídica, son articulables sino desde el marco constitucional y comunitario en el que España está afortunadamente inmersa. Y un detalle que no deja de ser significativo: mi sucesor electo en el Decanato de esta Facultad es Raúl Canosa Usera, a la sazón catedrático de Derecho constitucional.

Sobre la cultura jurídica en la sociedad, me limitaré a repetir las palabras de mi buen amigo Emilio Suñé, en su Manifiesto para una Nueva Ilustración, quien afirma que el actual Derecho europeo continental, de inspiración romana, aderezado por Napoleón o Bismarck, habría de ser paulatinamente sustituido por un Derecho de raigambre griega, más destinado al reforzamiento de la paideia (virtud cívica), a entroncar –y por supuesto reforzar– con los grandes valores de convivencia; un Derecho con una vertiente más acentuadamente ética que coactiva. La politización del poder judicial puede paliarse, más que cambiando la Constitución, tomándosela realmente en serio para no dar lugar a auténticas y perversas mutaciones constitucionales de facto en leyes orgánicas tan importantes como la del Tribunal Constitucional y la del Poder Judicial y, sobre todo, proceder a los nombramientos discrecionales de las más altas instancias de la judicatura atendiendo a criterios constitucionales de reconocido prestigio y no a meros repartos basados en cuotas electorales de partido.