Javier Barba Torra
Fotografia cedida
TH, 9è VOLUM. Biografies rellevants dels nostres arquitectes

Sr. Javier Barba Torra

Entrevistado 25-01-2018.

Antes de proyectar, recorre cada terreno para empaparse de su esencia: del cromatismo de la tierra, las direcciones del viento o el hábitat que confiere personalidad propia a cada lugar. Afirma que la arquitectura debe integrarse en el paisaje e incluso pasar inadvertida. Su obra, reconocida internacionalmente, es representante de la hoy llamada Green Architecture. Desde el despacho que fundó hace cuarenta años, y en el que también trabajan sus hijos –herederos de una saga de arquitectos que ya alcanza la sexta generación– procuran que la función y la emoción sean capaces de coexistir en armonía.

 

Seis generaciones de arquitectos

Mi tatarabuelo, Francisco Barba Masip, inició una longeva saga de arquitectos. Fue autor, por ejemplo, del edificio del Ayuntamiento de Tarragona. Su hijo, Alfonso Barba Tuset, fue ingeniero y abogado, aunque su intensa actividad política apenas le dejó tiempo para ejercer sus carreras; pero su nieto, Alfonso Barba Miracle, segundo arquitecto de la familia y también constructor, retomó la profesión familiar y diseñó diversos edificios en l’Eixample barcelonés. Su hijo, Francisco Barba Corsini, mi padre, se convirtió a su vez en un eminente arquitecto durante la década de los cincuenta. Entre sus obras más conocidas destaca el edificio Mitre y varios inmuebles de viviendas ubicados en las calles Tavern, Muntaner y Balmes, en Barcelona. Otras obras suyas fueron la reforma del edificio de La Equitativa en Barcelona o el Cine Victoria en l’Hospitalet de Llobregat. En la actualidad, mis dos hijos, Gabriel, que es arquitecto, y Jordi, biólogo y máster en Paisajismo, perpetúan una tradición familiar que en la actualidad ya cumple seis generaciones. Además, señalar que no hay un solo Barba en la familia que no sienta predilección por las piedras, pues aunque no todos son arquitectos, muchos tienen profesiones relacionadas con ellas.

Francisco Barba Corsini, un destacado arquitecto del Grupo R

Mi padre nunca se dejó encorsetar por ningún estilo y defendió siempre la máxima libertad creativa. Por ejemplo, cuando en los años sesenta construyó, junto con Antonio Sintes, el pueblo de Binibeca, en Menorca, se ciñó más a la tradición constructiva local que no al racionalismo arquitectónico predominante. De hecho fue un activo miembro del vanguardista Grupo R, que surgió como reacción a la arquitectura académica y monumentalista desarrollada durante la posguerra española. Entre sus miembros, había arquitectos consagrados como Josep Antoni Coderch, Josep Maria Sostres, Antoni de Moragas, Manuel Valls o Francisco Juan Barba Corsini, entre otros. Otra de sus obras más importantes fue la remodelación de las buhardillas de la Pedrera de Gaudí, donde construyó trece apartamentos con identidad propia que inexplicablemente fueron demolidos. Aunque me aseguraron que dejarían algunos de muestra, ya que formaban parte de la historia del edificio, al final no quedó ninguno en pie; una verdadera lástima.

Formaba dúo con mi primo Enrique: éramos pura dinamita

Recuerdo una infancia magnífica con mi hermana melliza, Isabel, y mis primos. Vivíamos todos en frente del edificio David, situado en la calle Aribau de Barcelona, justo enfrente de la primera discoteca que se abrió en Barcelona, Las Vegas, creo que se llamaba. Nosotros vivíamos en el tercer piso y mis tíos, en el segundo. Guardo un recuerdo precioso de aquella época, plagada de anécdotas y travesuras infantiles. Estaba muy unido a mi primo Enrique, los dos juntos éramos pura dinamita. Nos habían castigado infinidad de veces: cuando protagonizábamos alguna gamberrada nos prohibían que fuéramos a jugar juntos a la casa del otro, pero luego nos encontraban en el rellano de la escalera disputando alguna partida de parchís; cada uno ocupaba el espacio que pertenecía a su planta, de esta manera demostrábamos que podíamos seguir jugando sin incumplir la sanción; nuestros padres se quedaban estupefactos con nuestras ocurrencias. Recuerdo que los primeros problemas de física los hice con mi primo, al calcular la trayectoria de una piedra lanzada desde mi balcón: queríamos impactar en la mesa de vidrio que tenían sus abuelos en el piso de abajo, ya que mantenían con esmero un jardín precioso en los bajos del edificio pero nos prohibían la entrada. El primer cigarrillo también lo fumé con Enrique en el terrado comunitario: fue la calada más horrorosa que he probado en toda mi vida, porque para fabricarlo usamos cáscaras de almendra, que los porteros utilizaban para la calefacción, y papel de periódico. Además, pensábamos que nadie percibiría el olor pero perfumamos toda la escalera; nos cayó una buena.

Escuchando música jazz todas las noches

Mi habitación estaba justo encima de la sala de estar en el que mi tío Juan, un gran acuarelista, escuchaba música jazz todas las noches. Le encantaba y me deleitaba sin saberlo, al menos durante dos horas, con las composiciones de las bandas más relevantes de aquella época. Uno de sus hijos, Juan Torras Barba, se convirtió en pianista y también ha ejercido como médico. Su hermano y compañero mío de travesuras, Enrique, igualmente se dedicó a la medicina, así como su hermana Anna, mi prima, también médico.

Veraneábamos en Camprodón y Cadaqués

De niño me gustaba adentrarme en la naturaleza, descubrir todos sus recovecos, ir a pescar truchas, observar a los animales… Recuerdo que, de pequeño, me colaba en el matadero de Camprodón, que estaba cerca de nuestra casa de veraneo, y soltaba a las ovejas que habían atado para sacrificarlas. Al final, me prohibieron acercarme al edificio, aunque seguía entrando para salvarlas. También, me acuerdo de cuando acompañaba a mi madre a la pastelería del pueblo… ¡los pasteles eran deliciosos! Decían que por la calidad del agua del río. En Menorca empezamos a veranear cuando tenía catorce años; me encantaba practicar submarinismo. De hecho, cuando era joven, practiqué muchos deportes; en mi familia siempre hemos sido todos muy dados al ejercicio. El tenis, por ejemplo, devino una de mis actividades favoritas.

En el Cadaqués de mi infancia era habitual ver pasear a Salvador Dalí

También veraneamos durante muchos años en Cadaqués. En aquella época, se explicaba un dato curioso: decían que en el pueblo había más muebles procedentes de Cuba que no de Catalunya, porque muchos de sus habitantes habían emigrado a principios de siglo a esas tierras centroamericanas y se habían podido labrar un futuro. Sin embargo, las comunicaciones con el cercano pueblo de Roses eran pésimas: no había carretera, únicamente un angosto camino de tierra, y por lo tanto casi nadie había tenido la oportunidad de visitar esta pequeña localidad. En mis veranos de infancia en Cadaqués, pude conocer a Salvador Dalí; era habitual verle pasear por sus calles. Recuerdo que un día estaba con mis amigos jugando a fútbol en la plaza y de repente apareció el famoso artista vestido de catalán, incluso llevaba puesta una barretina en la cabeza, y todos los niños empezamos a seguirle como si fuera el flautista de Hamelín; queríamos saber adónde iba con esas pintas. Nos explicó que se dirigía a casa del pintor Rafael Durancamps Folguera, con quien se había enemistado en París, porque quería hacer las paces con él. Sin embargo, cuando llegó y le pidió a gritos desde la calle que saliera, Rafael Durancamps respondió: «Ara surto!». Pero no salía. Esperamos, esperamos y esperamos hasta que por fin salió y empezó a orinarle encima y le dijo: «Estava bevent cervesa per poder orinar a sobre teu!». Todos los niños nos quedamos estupefactos ante aquel chorro de pipí.

Siempre soñé con ser arquitecto

Desde los tres o cuatro años ya dibujaba. En realidad, siempre imaginé que me convertiría, como mi padre y mi abuelo, en arquitecto; nunca pensé en dedicarme a otra cosa que no fuera mi profesión actual. Sin embargo, debo reconocer que mis años en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona no fueron demasiado buenos: vivíamos una época políticamente convulsa y por ese motivo los responsables del centro se veían obligados a cerrar periódicamente durante muchos días. Menos mal que contaba con el espacioso despacho de mi padre, en el que tuve la oportunidad de aprender mucho. De aquellos años en la Escuela de Arquitectura, sobre todo me quedo con las amistades que entablé, que todavía conservo, y con las magníficas clases de dos catedráticos: José Rafael Moneo, primer arquitecto español galardonado con el Premio Pritzker, y Xavier Rubert de Ventós, filósofo, escritor y político.

José Rafael Moneo, gran arquitecto, profesor y persona

Cuando te hablaba te iba envolviendo y envolviendo poco a poco; había momentos en que no entendías nada, pero luego sabía cerrar su argumentación y, de repente, lo comprendías todo. Sus clases eran magistrales. Además, es una gran persona, y su vida ha estado completamente enfocada hacia la arquitectura y la pedagogía. Es un profesional con una enorme y potente intelectualidad, muy preparado, y esto se traduce en su obra.

La capacidad de abrirnos la mente de Xavier Rubert de Ventós

Xavier Rubert de Ventós impartía la asignatura de Estética, era joven y acababa de regresar de Estados Unidos, donde había ejercido como profesor en la Universidad de Berkeley. Tenía la capacidad de hacernos pensar, abrirnos la mente en una época posfranquista en la que vivíamos en un entorno encapsulado. En una ocasión, recuerdo que nos examinó con una prueba que no me gustó. Como ya nos conocíamos y habíamos empezado a ser amigos, acudí a su casa y le planteé la posibilidad de hacer otro examen, pero con una idea alternativa, basada en un profesor arquitecto que diseñaba unas casas muy peculiares: quien vivía en ellas acababa suicidándose. En lugar de enfadarse o rechazar mi petición, su respuesta fue: «Desarróllalo». Alentaba siempre nuestra creatividad e imaginación porque su mentalidad también era muy abierta. Es muy poco común tener la oportunidad de conocer a gente como él.

Considero a Frank Lloyd Wright el mejor arquitecto de la historia

Arquitecto estadounidense y precursor de la arquitectura orgánica, Frank Lloyd Wright no solo es uno de los principales maestros del siglo xx, sino mi inspiración en el ámbito profesional y, en mi opinión, el mejor arquitecto de la historia. Tuve la valiosa oportunidad de visitar varios proyectos suyos en Estados Unidos, invitado por la revista Architecture Digest.

Mi padre me transmitió su pasión por la arquitectura

Tampoco puedo olvidar la influencia que ejerció mi progenitor, un arquitecto que amaba profundamente su trabajo y que logró transmitirme su pasión por esta profesión. Recuerdo que cuando tenía trece años me llevó a una comida memorable en el restaurante Reno, ubicado en la calle Tuset de Barcelona, a la que asistieron grandes personalidades de la arquitectura internacional, como el arquitecto español José Antonio Coderch, el japonés Kenzo Tange y el norteamericano Louis Isadore Kahn. Nunca olvidaré aquel encuentro.

Gaudí fue estratosférico, alquimista, único

Un día me encontraba en la hoy llamada Cátedra Gaudí, consultando unos textos, y me cayó al suelo una regla metálica que fue rebotando en el pavimento. Para mi sorpresa, con cada golpeteo resonaron diversas notas de música. En su día aquel espacio había sido concebido como unas caballerizas para el vizconde de Güell. Estoy convencido de que Antoni Gaudí, entonces un joven y desconocido arquitecto, aprovechó aquel pequeño encargo para hacerse notar: colocó piezas sonoras entre la cerámica del suelo con el fin de que sonara música cuando fuera pisoteado continuamente por las herraduras de los caballos. Desde luego, Gaudí fue un arquitecto excepcional; aquella experiencia me hizo pensar que era la alquimia pura llevada al grado de maestro. Gaudí dominaba todas las artes aplicadas a la arquitectura, trabajaba con diversos grados de percepción e implementaba un gran despliegue de conocimientos en sus obras.

Mi primer empleo

Fue en el despacho de Alfonso Sierra, un arquitecto amigo de la familia y catedrático de Construcción en la facultad. Poco después, me trasladé a Menorca para trabajar junto con el también arquitecto Antonio Sintes y un socio de mi padre, a fin de desarrollar un proyecto residencial. Allí me casé con mi mujer, que es norteamericana, a la que había conocido anteriormente en Cadaqués. Dos años después, en 1986, volvimos a Barcelona y proyecté un conjunto de viviendas, muy orgánicas, con el economista Javier Pérez del Pulgar. Entonces, mi amigo Fernando Jover quiso comprar una de estas casas, pero el mismo día en que habíamos quedado con el notario para firmar los papeles, me llamó y me dijo que no podía adquirirla ya que el banco le había ofrecido un terreno a muy buen precio en una urbanización preciosa situada en Sant Andreu de Llavaneres. Aquel mismo día, le acompañé a ver el terreno y me quedé sorprendido: era un barranco, con mucha pendiente. Me preguntó: «¿Qué se te ocurre construir aquí?». De su pregunta surgió la proyección de Casa Riera, mi primer proyecto bioclimático.

Tempranos reconocimientos europeos con la Casa Riera

Casa Riera fue seleccionada en 1989 por la Comisión Europea, dentro del programa Project Monitor, y por el George Wright Forum, como uno de los mejores ejemplos de arquitectura sostenible de Europa. Las condiciones del terreno, de acusada pendiente y con una carretera muy transitada en la parte superior, así como su orientación y buenas vistas, me inclinaron a decidir que debía semienterrar la vivienda. De este modo, la cubierta ajardinada se integraba en la pendiente natural de la colina y aprovechaba las ventajas de un aislamiento térmico y acústico natural. El acceso a la entrada se asemeja al de una cueva: unos peldaños conducen al vestíbulo, que da a un patio por el que entra la luz que inunda el salón principal. La planta alargada de la vivienda, orientada hacia el sur, permite que todas las estancias disfruten de luz natural, favorece la circulación del aire y ofrece espectaculares vistas de la costa mediterránea. La vivienda parcialmente soterrada, las cubiertas verdes y el uso de gruesos muros de hormigón consiguen un considerable ahorro energético. Las líneas rectas predominantes en la planta de la vi­vienda se interrumpen por el diseño semicircular de una de las paredes que contiene la sala de estar. Recuerdo que, durante la construcción de la casa, el día que la cubrimos con tierra, un señor mayor que paseaba regularmente por ahí y siempre se paraba enfrente de la obra para observarla, empezó a gritar, alarmado: «¡Se ha caído la casa!». Hubo que tranquilizarle y explicarle que no se había derrumbado, sino que se había integrado en el paisaje. No fue la única anécdota: faltaba aún acabar la puerta de la entrada pero Fernando ya había empezado a dormir allí. Un día se levantó y se encontró una tienda de campaña montada en el jardín y un Volkswagen aparcado encima del césped. Era de un señor alemán que no se había dado cuenta de que allí había una casa.

Integrar la arquitectura en el paisaje

No entiendo cómo se han llegado a proyectar tantas plazas duras en Barcelona, como la que existe en la Estació de Sants; ¿quién es el valiente de pasearse allí en verano? En Suecia, tal vez puede tener más sentido la proyección de plazas duras porque, justo al lado, tienen un frondoso bosque, pero realmente son un error en los soleados países mediterráneos. Lo mismo ocurre con la típica caja de hormigón con vidrio que aparece ahora en todas partes, y cuyo comportamiento energético pongo en duda. Bajo mi punto de vista, la arquitectura debe integrarse en el paisaje e, incluso, pasar inadvertida.

La arquitectura vernácula de cada país, la mejor opción

Siempre he intentado utilizar los materiales propios de las regiones en las que he tenido que llevar a cabo un proyecto. Procuro empaparme, ser conocedor de la arquitectura y de las materias primas que se emplean en cada país en el que trabajo: creo que tengo la obligación de integrarlas en mis obras, entre otras razones porque, al final, los trabajadores oriundos del lugar son los mejores conocedores de su tierra y de cómo se trabajan sus materiales, y de ellos también depende el resultado último de la obra.

Antes de proyectar, necesito empaparme de la esencia del lugar

Cuando me planteo el primer esbozo de un proyecto, siempre viajo al lugar en el que se construirá. Acudo con curiosidad para descubrir el emplazamiento exacto de la obra, en diversos momentos del día, y en distintas jornadas, e incluso paso algunas noches. Necesito acercarme para escuchar el sonido de los vientos y sus direcciones, sentir los olores de la tierra, su cromatismo, las sombras, las vistas, el hábitat, los animales que allí buscan cobijo… Siempre recorro la zona y la observo, con humildad, desde diferentes perspectivas. Estos puntos energéticos del terreno son fundamentales y solo existe una manera de descubrirlos: recorriéndolo, sintiendo en carne propia el sitio donde vas a proyectar.

Casa Monjo fue portada en Architectural Digest

Aunque en Architectural Digest ya habían publicado en otras ocasiones algunos de mis trabajos, nunca antes alguno de ellos había recibido la portada. Aquel año, 1992, iban a celebrarse los Juegos Olímpicos en Barcelona, y decidieron dedicar su revista a España. El principal reto de Casa Monjo fue construirla sin modificar la belleza del entorno que la acogía: la cala Pregonda. Para integrarla en el paisaje, utilizamos piedra de la excavación; de esta manera, el edificio parecía emerger de la roca. Fue concebido en tres módulos conectados interna y externamente a través de terrazas, pasadizos y escaleras de piedra. Mirando desde el mar, es difícil distinguir la casa del acantilado. Su tejado, rodeado de vegetación, se convirtió también en otra terraza del jardín. Salir en la portada de Architectural Digest significó una gran satisfacción personal y un impulso para mi carrera; clientes internacionales se fijaron en mi trabajo y a partir de entonces comencé a recibir importantes encargos.

Proyectamos el pabellón de verano de lord Rothschild en Corfú

En 1993, lord Rothschild tuvo la idea de construir su residencia en un acantilado de Corfú, junto al mar Egeo, pero no había conseguido contactar con ningún arquitecto que la convirtiera en parte del paisaje, como deseaba. Cuando vio el reportaje publicado en la revista Architectural Digest, enseguida se puso en contacto con nuestro despacho. Nos trasladamos a Corfú para estudiar el terreno y observé que había mucha grava; entonces decidí excavar para ver qué encontrábamos. Como intuía, y siguiendo la información de los ancianos de la isla, en dicho lugar había existido una cantera. Durante la excavación, tuvimos la suerte de descubrir una espectacular veta de mármol que se convirtió en la protagonista del proyecto. Y finalmente, conseguimos que el pabellón quedara muy bien integrado en el paisaje: desde arriba aparece como escondido, y el observador lo puede ir descubriendo de manera gradual.

Hay que conocer al cliente y empatizar con él

En general, he tenido mucha suerte con todos los clientes con los que he trabajado. Suelen acudir a mi despacho porque he sido recomendado por algún conocido o porque han podido ver alguno de mis trabajos y les ha gustado. Como ya parten de un conocimiento previo y de un interés personal, la comunicación suele ser muy fluida. De todas maneras, para mí es primordial conectar con el cliente, percibir que va a haber una buena sintonía entre ambos desde el principio. De ahí que me muestre tal como soy desde el primer día y que acabe entablando relaciones de amistad con ellos. Tenemos en nuestra agenda a clientes como Sánchez Vicario o Tusquests, en España; así como Swarovski, en Austria, y lord Jacob Rothschild o el príncipe Sultan bin Fahd, de Arabia Saudita, la familia real de Qatar, entre otros.

Es fundamental crear un buen clima de trabajo

Nuestros clientes suelen encargarnos más de un proyecto; incluso hay quien ha repetido hasta seis veces con nosotros, con lo que establecemos relaciones cercanas y duraderas. Tras tantos años de experiencia profesional, suelo percibir enseguida si las relaciones van a ser, o no, fluidas, si vamos a entendernos. Conseguir un buen clima de trabajo es un aspecto fundamental para mí, porque considero que las horas que dedico a cada proyecto son el oro de mi tiempo. Cuando no existe un buen entendimiento con el cliente, una obra se convierte en una pesadilla.

Un lagarto, símbolo distintivo de mis obras

Mientras estaba realizando el pabellón de verano de lord Rothschild en Corfú, conocí en una fiesta al señor Tsirigakis; comenzamos a charlar y simpatizamos. Me explicó que estaba buscando un terreno para construirse una casa y que, en cuanto lo localizara, se pondría en contacto conmigo. Ocho meses después, recibí su llamada informándome de que se había comprado un solar de cinco mil metros cuadrados en la isla de Miconos; todavía estaba trabajando en Corfú, así que al día siguiente tomé un avión y fui a visitarlo. Cuando recorrimos el terreno para inspeccionarlo, se levantó el fuerte viento característico del verano en esa zona: el meltemi, cálido y seco, pero intenso y persistente. Como nos pilló a la intemperie, buscamos refugio y descubrimos una gran roca redondeada, detrás de la cual esperamos para ver si la ventolera amainaba. Al rodear la piedra y pararnos en su cara posterior, notamos a nuestros pies un movimiento extraño: habíamos ido a pararnos ante la madriguera de un lagarto verde y marrón. En aquel momento, la inspiración me atrapó; la piedra y el lagarto fueron dos descubrimientos vitales: supe en aquel momento que esa roca debía integrarse por derecho como un elemento constructivo más dentro de la casa, por ser un hábitat vivo anterior, y que el animal también tenía que ser salvaguardado, como símbolo de la buena suerte, por eso les pedí a los albañiles que no lo mataran. Un año más tarde, al volver a la casa, invitado por el propietario, y darme una vuelta por el patio donde había quedado integrada parte de la roca, me encontré con el lagarto tumbado al sol junto a su guarida. Fue una grata sorpresa. Desde aquel día, en mis obras aparece un lagarto como signo distintivo.

La casa de Tsirigakis: pensada para admirar la luna llena

Pensé en orientar la vivienda hacia el mar para otorgarle la luz especial del Mediterráneo y unas vistas espectaculares. Los principales materiales utilizados fueron la piedra, el estuco y la madera, con el fin de integrar la construcción en el paisaje de la isla. Por otro lado, concebimos una decoración fresca y sencilla, con toques de color en algunos complementos, aunque el blanco fue el verdadero protagonista. Dividimos la casa en dos zonas: el área pública, como el comedor, la sala de estar, los servicios y la cocina, fue dispuesta a la izquierda, mientras que el área privada, como la habitación principal y el resto de las habitaciones, a la derecha. La parte externa se completó con áreas chill out y una piscina. Una de las características más peculiares de esta residencia es que su orientación está proyectada para que los rayos de sol entren perpendiculares en invierno y calienten la piedra a modo de batería. Además, la hermosa e inmensa luna llena de las noches de julio y agosto puede admirarse en toda su trayectoria desde dos ventanas de la casa.

Concebir a todo el equipo como a una familia

Tanto el contratista como los trabajadores que están en la obra son también una parte fundamental de todo el proceso. Cuando el arquitecto se interesa por conocer a todo el equipo, cuando la comunicación fluye entre ellos, el resultado final de la obra mejora mucho. Si valoras el esfuerzo de todos y cada de tus trabajadores, si entre todos formamos una familia, el proyecto se dignifica.

BC Studio Architects: pioneros internacionales en Green Architecture

Somos una firma de arquitectos ubicada en Barcelona con cuarenta años de experiencia internacional. Se nos considera pioneros en Green Architecture. Los valores culturales, sociales, paisajísticos y ambientales de la tierra están integrados en nuestra mirada: nuestra arquitectura respeta la topografía, la vegetación, los materiales, los colores y las texturas presentes en la tierra. Materializamos nuestras ideas en proyectos arquitectónicos únicos, de alta calidad y con diseños atemporales, y ofrecemos a nuestros clientes construcciones sostenibles, totalmente responsables con su impacto ambiental. Nuestras obras están diseñadas con una visión arquitectónica integrada global, y combinamos también las disciplinas de arquitectura, diseño de interiores y diseño de paisaje. Actualmente, en el despacho trabajan mis dos hijos, Gabriel y Jordi, directores del estudio BC, así como Susana Zaón, directora general de Proyectos, Margarida Moiteiro, directora de Diseño de Interiores, además de Natalia Galmés y unos cuantos arquitectos más.

Obras funcionales, bellas y con personalidad propia

Nuestro diseño arquitectónico crea un impacto estético, tanto por su belleza como por su funcionalidad; siempre procuramos que la función y la emoción sean capaces de coexistir en armonía. Todos los proyectos que hemos realizado durante todos estos años en diversas partes del mundo tienen una personalidad propia y diferenciada. Hemos proyectado en países tan diversos como Indonesia, Grecia, Francia, Italia, Estados Unidos, México, Portugal, Polonia, Arabia Saudita, Rusia, Marruecos, Catar, Australia y España. Por otro lado, nos esforzamos por mejorar nuestro método arquitectónico: tenemos en cuenta los desafíos del futuro, estamos abiertos a la innovación e incorporamos nuevas tecnologías y procesos.

Predio de Sa Fúa, Primer Premio de Calidad Ambiental Mediterránea

En el año 2002, la Fundación Mediterránea Europea Promaris premió el complejo residencial Predio de Sa Fúa, ubicado en Menorca, por los esfuerzos realizados en conservación ambiental y desarrollo sostenible. Se trata de un complejo residencial único, que construimos en 1998 en una de las zonas más bellas del sur de la isla. El conjunto consta de treinta y seis casas bioclimáticas rodeadas de vegetación, que siguen la pendiente natural de la tierra. Esta distribución permite a todos los hogares disfrutar de las vistas. Tanto el uso de ladrillo de arcilla térmica como el revestimiento de piedra en las paredes y la cobertura vegetal de los tejados ayudan a regular la temperatura dentro de las viviendas y contribuyen a un importante ahorro energético. El uso de las rocas excavadas para construir las paredes de la propiedad permite una integración máxima con el paisaje natural. La realización de este proyecto corrobora que la sofisticación de los hogares y la estética no son incompatibles con la arquitectura bioclimática y la sostenibilidad.

El arquitecto ha de tenir seny

No creo en la sostenibilidad si tiene un mal diseño y, desgraciadamente, a menudo se proyectan este tipo de edificios. En mi opinión, el buen gusto empieza con la integración en el lugar en el que se edifica. El arquitecto, como se dice en catalán, también ha de tenir seny.

No hemos inventado la arquitectura sostenible

En la actualidad, a una edificación diseñada para tener en cuenta el ahorro energético se la denomina con calificativos modernos como bioclimática, ecosostenible o integrada, por ejemplo. Sin embargo, no hemos descubierto nada nuevo porque, en definitiva, si miramos atrás, nos daremos cuenta de que todos estos conceptos ya existían y que son tan antiguos como el género humano. Ahora bien, por mucho que hoy en día se sigan buscando alternativas a la construcción convencional con el objetivo de reducir los costes de energía, la arquitectura sostenible no funcionará realmente hasta que nuestra sociedad sea también más sostenible.

Defensor de la energía solar

Soy propietario de una finca de treinta hectáreas en el delta del Ebro, en la que construí dos casas: una para disfrute familiar y la otra, que está justo al lado, la reservamos para amigos que vienen como invitados o para nuestros hijos. Cuando me preguntan por la arquitectura sostenible, siempre digo que tan importante es proyectarla como experimentarla. Por este motivo, en estas dos viviendas instalé paneles solares y construí un pozo, con lo que puedo afirmar que somos energéticamente autosuficientes. Soy un gran defensor de la energía solar; vivimos en un país en el que el sol es protagonista, deberíamos aprovecharlo. Alemania es toda una adalid de la energía solar, y sus ciudadanos están mucho más concienciados de la necesidad de utilizarla; sin embargo, tienen muchas menos horas de sol que nosotros.

A las puertas de una revolución energética

La internacionalización de las comunicaciones permite a los profesionales de muchos ámbitos trabajar en proyectos comunes, aunque estén a miles de kilómetros de distancia. La información circula ahora a una velocidad que hubiera sido impensable hace apenas dos décadas. Asimismo, esta globalización del conocimiento hace posible que lleguen fácilmente a nuestras casas las noticias sobre los últimos avances energéticos. Se habla mucho de las posibilidades de la geotermia, una energía renovable que se obtiene mediante el aprovechamiento del calor natural del interior de la tierra. También, las nuevas baterías Tesla ofrecen grandes posibilidades de almacenamiento de energía en el hogar.

En las ciudades, la normativa es demasiado estricta

Gran parte de nuestras obras han sido desarrolladas en zonas residenciales o han sido proyectos singulares en los que la normativa no ha sido tan estricta como en las ciudades. Sin embargo, es cierto que los arquitectos que trabajan en suelo urbano se ven instados a lidiar con unas leyes demasiado rigurosas y, por lo tanto, acaban cultivando la habilidad de buscar caminos paralelos para conseguir un resultado similar al esperado.

Nadie tendría que ser político antes de los cuarenta años

Nuestros representantes electos tendrían que preocuparse más por solventar los problemas de nuestra sociedad, pero lamentablemente hay demasiado afán de protagonismo y un exceso de ansia de poder. Antiguamente, solo se entregaban los altos cargos a personas que sobrepasaran los cuarenta años, porque se consideraba que antes de esa edad nadie tenía la suficiente experiencia para ser sabio. Hoy la corrupción ha minado el arte de la política. Por ejemplo, que decidan aplicar un impuesto a una energía renovable como la solar es inaudito. Es una pena, pero lo cierto es que vivimos en una sociedad egoísta, demasiado vinculada al interés económico. Nuestras figuras políticas carecen de personalidad y singularidad; de hecho, hay pocos líderes mundiales que merezcan ser distinguidos. Nunca es una prioridad acabar con los problemas y las injusticias que sacuden nuestro mundo, como el hambre; se sabe que podría llegar a desterrarse de nuestro planeta si hubiera un mínimo interés en conseguirlo. Es muy triste constatar algo así.